01 mayo 2008

La verdadera crisis

Agobiados por la crisis de ricos, no nos queremos enterar de la crisis de los pobres. Hasta la ONU se ha dado cuenta de que millones de personas se están muriendo de hambre y sed y asco. Y de que van a morir muchas más. Si el mundo del siglo XXI no puede evitar este disparate de los precios, si el planeta del XXI no es capaz de conseguir que la gente no se muera de hambre, ha llegado el momento de hacer algo. La verdadera crisis no es la de las hipotecas: es la del hambre.

La crisis de los ricos es terrible, y más aún porque nadie la entiende, porque nadie sabe hasta dónde llega el agujero insondable de las deudas, porque nadie se atreve a saber hasta dónde alcanzan las pifias que han cometido los bancos y todo el entramado financiero de la voracidad institucionalizada. Lo que vemos debajo de tanta basura, tanto logo y tanta soflama es que el sistema está podrido. Siempre lo ha estado, pero ahora hemos alcanzado el clímax de la miseria. Hemos perfeccionado tanto el mecanismo que da soporte a la codicia que ya no hay forma de saber qué está pasando. Los estados se van a quedar sin dinero para tapar tanta infamia consentida y a veces alentada por ellos mismos. Las instituciones internacionales del dinero están ya sacando las cosas por la puerta de atrás. Mientras emiten sus obvios dictámenes y sus monsergas seroleras, todos tienen el helicóptero al ralentí esperando en las azoteas de sus lujosos rascacielos. Pero la verdadera crisis, que forma parte del mismo mundo y del mismo sistema, es que cuanto más y mejor se produce, más hambre se pasa. Cuantos más satélites y más redes y más inteligencia y más información, más millones de personas agonizan sin comida y trabajan por un euro de sol a sol.

La solución pasaría por la democracia de verdad, la que aún no nos hemos atrevido a imaginar. El verdadero problema no es el cambio climático, sino el cambio de ideas: estamos igual que en el neolítico. Hasta el espíritu depredador tendrá que evolucionar alguna vez.


Mariano Gistaín, en El Periódico de Aragón
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6 comentarios:

Ruth dijo...

Amén.

Hoy precisamente hablábamos en la manifestación de las nuevas bolsas de pobreza que va a crear esta situación.

Ante todo esto, los 400 euros de Zapatero son una ofensa y una limosna. Justicia social, por favor.

Ricardo Mella dijo...

Es cierto, esos 400 euros son un asco, pero siempre habrá gente a la que le vengan bien, y es mejor eso que nada. Así que los acepto, aunque, como a ti, me parecen muy insuficientes.

Joan Antoni dijo...

La única manera de terminar con el hambre es comerse a lo ricos.

Anónimo dijo...

Me quito el sombrero ante tu blog, tus análisis, tu capacidad para debatir (P.R.), y tu concepto de democracia.

No te calles.

¡SALUD!

Chicho.

Anónimo dijo...

Vuelvo a ser Chicho.

Olvidé decirte que esta frase, o más bien lo que implica, no tiene desperdicio:

"Hemos perfeccionado tanto el mecanismo que da soporte a la codicia que ya no hay forma de saber qué está pasando."

Ricardo Mella dijo...

JOAN ANTONI: Espero que no lo digas literalmente.

CHICHO: Bienvenido al blog, muchísimas gracias por tus comentarios y por las flores que me echas. Y sí, esa frase es mucho más profunda de lo que parece.