30 marzo 2008

Crítica del sistema carcelario

Resulta curioso comprobar cómo después de miles de años de civilización existen todavía determinados sistemas o instituciones humanas que permanecen esencialmente inalterables, por mucho que avancemos en otros terrenos como las ciencias sociales, la política o la tecnología. Un ejemplo es el sistema carcelario. Durante miles de años, el ser humano ha recurrido a las cárceles para eliminar a la delincuencia, y aunque haya cambiado en sus detalles la esencia del sistema permanece invariable.

Quizá la razón última de dicha permanencia es la sensación generalizada de que las prisiones son inevitables. Pero ninguna institución humana es inevitable si no está realmente justificada su existencia. A la pregunta de si las cárceles son realmente necesarias sólo se puede contestar respondiendo previamente a otra pregunta más inmediata: ¿es útil el sistema carcelario?

En ese sentido, la utilidad del sistema de prisiones viene determinada fundamentalmente por una triple función: punitiva (para castigar al culpable), preventiva (para disuadir al ciudadano de cometer delitos) y de rehabilitación (para reinsertar al preso en nuestra sociedad y evitar que vuelva a delinquir):

1) Función de rehabilitación. ¿Hasta qué punto se rehabilitan las personas que pasan por una cárcel? ¿La mayoría se rehabilitan o por el contrario reinciden luego de su estancia en ella? Resulta difícil entender cómo un ambiente carcelario, formado por todo tipo de delincuentes, puede ayudar a que una persona olvide la delincuencia. Parece más lógico, por el contrario, que la llamada "universidad del crimen" fomente nuevas relaciones entre delincuentes o el aprendizaje de nuevas formas de delitos. ¿Es una exageración decir que la cárcel en realidad fomenta la delincuencia, y que por tanto es contraproducente?

2) Función preventiva. Es más que discutible que las prisiones sean un eficaz sistema disuasorio contra la delincuencia. Si nos atenemos a los crímenes de sangre, la mayoría son pasionales y por tanto irracionales, y no es probable que una persona que actúa irracionalmente se detenga a sopesar de manera racional las consecuencias que conllevará la realización de su acto.

En lo que respecta al resto de delitos, la inmensa mayoría son debidos a situaciones de pobreza o marginalidad (hurtos, tráfico de drogas, etc.), es decir, o bien a la pura supervivencia o bien al ambiente, dos factores que probablemente pesen mucho más en la actuación de una persona que la amenaza de un futuro castigo. En este contexto, una medida preventiva sin duda más eficaz sería la eliminación de las bolsas de pobreza y marginación de nuestras sociedades.

3) Función punitiva. Ciertamente la cárcel supone un duro castigo para el delincuente, pero de poco sirve eso más allá de la simple satisfacción de un instinto primario de venganza. Y aparte de la nula utilidad de esa función, debemos considerar otros puntos de vista éticos y morales: ¿es lícita la privación de libertad de un ser humano? ¿Llegará un día en el que el derecho a la libertad sea considerado un derecho humano tan fundamental como el derecho a la vida, y por tanto ni siquiera el Estado pueda atentar contra él?

También hemos de tener en cuenta que al privar de libertad a un ser humano no sólo castigamos a ese ser humano, sino a todos los de su entorno. ¿Qué sucede con la familia de un penado? ¿Por qué se condena a dicha familia a renunciar a su ser querido? ¿Qué será de las personas que quizá dependan sentimental, material o económicamente del condenado, como unos padres, una pareja o unos hijos? Estamos hablando de una tragedia que trasciende el castigo a un único culpable para afectar a varios inocentes. ¿Es ético, por tanto, defender la función punitiva de la cárcel?

Otra cuestión que debemos añadir a las precedentes es la inmensa injusticia de los filtros sociales que desembocan en la cárcel. Me estoy refiriendo al sistema judicial que padecemos, desde el sistema de multas hasta las fianzas millonarias, pasando por la ausencia de gratuidad de la defensa judicial (lo que significa que los mejores abogados son también los más caros). Todo ello está diseñado con el fin evidente de castigar al delincuente pobre y volver impune al delincuente rico, lo que convierte a todo el sistema judicial en general, y al carcelario en particulario, en algo extremadamente perverso e injusto.

Se alegará que la razón de que el sistema carcelario permanezca invariable a lo largo de los siglos, a pesar de ser injusto, contraproducente, inútil y éticamente discutible, no es otra que la ausencia de una alternativa realista y viable al mismo. Pero lo cierto es que la humanidad no ha hecho ningún esfuerzo serio por replantearse dicho sistema, tal vez porque los delincuentes sean los últimos seres humanos de los que alguien querría preocuparse. De cualquier modo creo que ha llegado ya el momento de abrir un debate serio, sosegado y reflexivo sobre el sistema de prisiones con el fin de eliminarlo y reemplazarlo por otro (u otros, dado que la problemática que estamos tratando es variada y por tanto exige más de una solución) más útil, justo y humano.



11 comentarios:

Ruth dijo...

La cárcel debería ser un medio, pero entre todos la hemos convertido en un fin (en el amplio sentido de la palabra).

Ricardo Mella dijo...

El problema es que quizá ni como medio sea un sistema lícito.

Anónimo dijo...

Delincuentes askatu!

Ricardo Mella dijo...

Es más complejo que eso, me temo.

Tristana y yo dijo...

Es complejo y no creo que esté en las prioridades del gobierno.
Empezar a discutirlo es un gran paso.

Ricardo Mella dijo...

Es un gran paso, pero sobre todo es el primer paso.

Darkhalf dijo...

Estoy de acuerdo y en descuerdo al a vez con lo que expones (como suele sucederme con tus posts).
De acuerdo en que, a pesar de los muchos cambios que ha sufrido la pena privativa de libertad hasta hoy (que han sido muchos a pesar de no llevar miles de años en vigor como dices, más bien cientos) sigue siendo muy dura y su funcion rehabilitadora, en principio la principal, no acaba de verse.
El sistema penitenciario español es mixto en lo referente a sus penas de privación de libertad; por un lado retribucionista (pretende que de alguna manera el delincuente "pague" por lo que ha hecho) y por el otro, tal y como indica la carta magna, las penas deben estar orientadas a la rehabilitación del delincuente.
El resultado acostumbra a ser que el dlincuente, salvo excepciones, únicamente percibe la primera parte, la de que le castigan por lo que ha hecho (con el daño colateral hacia sus familias del que nadie se hace cargo, como bien señalas). Además dentro de la cárcel casi todos tienen un comportamiento correcto por lo que es fácil confundir una cierta, docibilización (perdón por el palabro) con rehabilitación, lo que nos lleva a las progresiones en grado, los famosos permisos y a los casos de alarma social cuando, ya en la calle, alguno de estos delincuentes reincide.
Yo, personalmente, no conozco un sistema mejor con el que ocuparme de los delincuentes. Atacar con medidas socializadoras las bolsas de pobreza, como dices, es algo que habría que hacer no ya desde un punto de vista de prevención del delito sino de la ética más elemental. Pero es fácil caer en la asociación delincuente=pobre que no tenía otra opción.
No todos los pobres son delincuentes, por lo tanto, siempre hay otra opción.
Por último, y para que quede claro que por dura que sea la cárcel ha habido una progresión humanista en este aspecto, piensa en la evolución de las penas desde la edad antigua hasta hoy. O piensa en la revolucion francesa, que no está tan lejos, y aun consideraban la pena de muerte una forma de deshacerse de los etiquetados como delincuentes. O mira las prisiones de otros paises hoy dia.

Ricardo Mella dijo...

Pero es fácil caer en la asociación delincuente=pobre que no tenía otra opción. No todos los pobres son delincuentes, por lo tanto, siempre hay otra opción.

Nadie ha hecho tal asociación de manera rotunda. Pero es evidente que existe una relación directa entre ambas circunstancias, de tal modo que es obligado concluir que los ambientes de pobreza o marginación fomentan extraordinariamente los comportamientos delictivos. Pero está claro que ni todos los delincuentes son pobres ni todos los pobres son delincuentes.

Por último, y para que quede claro que por dura que sea la cárcel ha habido una progresión humanista en este aspecto, piensa en la evolución de las penas desde la edad antigua hasta hoy. O piensa en la revolucion francesa, que no está tan lejos, y aun consideraban la pena de muerte una forma de deshacerse de los etiquetados como delincuentes. O mira las prisiones de otros paises hoy dia.

Bueno, eso quizá sea ver la botella medio llena. Lo cierto es que los avances en materia penitenciaria sólo han sido los indispensables en una sociedad que avanza en el resto de terrenos, y casi siempre los "avances" penitenciarios se han aplicado con el único fin de controlar de manera más eficiente a los reclusos.

Por otro lado, estamos hablando sólo de determinados países occidentales. En la inmensa mayoría de países del planeta la cárcel sigue siendo ese lugar tétrico que uno imagina en sus peores pesadillas, del mismo modo que la pena de muerte o la tortura siguen siendo métodos represivos bastante habituales.

La botella quizá no esté vacía del todo, es cierto. Pero está medio vacía o como mucho por la mitad, y no medio llena.

Sr. Povondra dijo...

Conviene no perder de vista otra dimensión del problema. Las tres funciones que comentas son más o menos ciertas, independientemente de su nivel de éxito (yo sí que pienso que las partes ofendidas tendrían que obtener algún tipo de satisfacción moral, y la más primaria es la venganza). Vale.
Sin embargo, a nivel funcional, el sistema -económico, de gobierno- puede vivir perfectamente arrastrando un universo marginal y taleguero más o menos costoso. Pienso que la cárcel sirve más que otra cosa para apuntalar la normalidad de "los normales", que somos la masa productiva, a modo de infierno disuasorio.
Léase, last but not least 4) Función disuasoria

El éxito o fracaso de los 3 puntos que comentas se convierte así -en mi opinión- en algo anecdótico a nivel general, aunque terriblemente urgente para quienes sufren la marginación.

Me gusta tu blog, lo descubrí ayer.
Salud.

Ricardo Mella dijo...

Bienvenido al blog.

Bien, supongo que según tu tesis la cárcel no es deseable puesto que supone un intento de disuadir a los "normales" de salirnos de esa "normalidad". En cualquier caso ello no invalida circunstancias como las que he comentado: que el sistema tiende a penalizar únicamente a los pobres o que la disuasión para evitar determinados delitos o crímenes no funciona como se espera de un sistema pretendidamente efectivo.

Gracias por tu comentario.

OMAR O. LÓPEZ S. dijo...

El Problema de la criminalidad es muy complejo. Yo si creo en la pobreza, en las carencias sociales, en la falta de servicios como factores detonantes que empujan al individuo desposeído a delinquir. Son factores criminógenos preparantes. La inequidad en la distribución social de la riqueza es un factor importante. Sin embargo cuando nos referimos al Sistema carcelario, depende de una férrea voluntad política el transformar estos Centros Carcelarios en donde el tratamiento de los internos es infrahumano y que atenta en todas sus formas contra los Derechos Humanos. Esta transformación surge de una política gubernamental que se dirija al cambio integral de la cárcel por un Centro de Corrección, con una estructura adecuada a la tipología de los delincuentes y a sus necesidades de llevar una estadía digna en el recinto. De poseer programas educativos, vocacionales, deportivos y técnicos que los prepare para la vida productiva y poseer todos los servicios de salud, alimentación etc. adecuados. Un equipamiento adecuado para cumplir con todos los programas, y por supuesto un personal realmente capacitado que les brinde la atención adecuada. Además de un sistema de monitoreo de los egresados de tal forma que se le de seguimiento en su hábitat social y productivo e investigar las causas de su reincidencia. Como dije, se necesita la Voluntad Política Gubernamental y a su vez crear planes integrales de apoyo a los sectores empobrecidos del país y mejorar su calidad de vida. Los Centros de Corrección y Rehabilitación son necesarios pero en las condiciones que no atenten contra los Derechos ni contra la dignidad humana.