07 octubre 2007

Terrorismo

La Revolución Francesa de 1789 fue el origen de un maremagnum de acontecimientos y circunstancias que con el paso del tiempo influirían decisivamente en la conformación de los modernos Estados occidentales. Desde la libertad de empresa o el sufragio universal hasta los partidos políticos o los derechos de los ciudadanos. Pero el peor legado de aquel período es, sin duda, el terrorismo.

En efecto, los sucesos revolucionarios degeneraron en un triste período que fue bautizado como "El Terror" (1793-1794) y durante el cual decenas de miles de personas fueron ejecutadas por el Estado, acusadas, falsamente o no, de conspirar contra la Revolución. Es justamente en dicho período cuando nació la palabra "terrorismo", entendiendo éste como el empleo de la violencia por parte del Estado para conseguir fines políticos.

Con el tiempo, y dada la popularización del término, los distintos Gobiernos del siglo XIX y principios del XX comenzaron a utilizarlo con fines propagandísticos: se intentó desvincular su significado de la violencia de Estado y adjudicárselo a distintos grupos violentos antiestatales. Por ejemplo, la violencia de las organizaciones anarquistas fue calificada de "terrorista".

Finalmente el término quedó completamente desvirtuado de su significado original durante la segunda guerra mundial, cuando el nazismo decidió utilizarlo para denominar a los movimientos de resistencia que se le enfrentaban. Se trataba de un esfuerzo consciente del Ministerio de Propaganda alemán que tenía como fin el desprestigio de tales movimientos y la sacralización del Estado nazi y de sus métodos violentos. Según la lógica de Goebbels, el término "terrorismo" sufre una extraña pirueta y se invierte: pasa de designar a la violencia estatal a servir para denominar a aquellos grupos que se oponen al Estado.

Cosa curiosa, el significado moderno de la palabra "terrorismo" es precisamente el que le dieron los nazis, de tal modo que una gran parte de la sociedad actual desconoce el terrorismo de Estado, o no duda en tildar de "terrorista" a todas aquellas organizaciones armadas que se oponen a aquél. Siguiendo la norma goebbeliana, muchos apelan al terrorismo de Estado (asesinatos, torturas, etc.) para erradicar a los grupos "terroristas". Nos encontramos así, pues, con uno de los grandes triunfos de los Estados modernos en materia de propaganda.

Pero la utilización del término con fines políticos y propagandísticos por parte de los distintos Gobiernos ha causado que exista una enorme confusión en cuanto al auténtico significado de la palabra, hasta el punto de que cada Estado lo aplica en aquel caso que le interesa especialmente (Al Qaeda en EE UU, ETA en España, etc.), siendo hoy por hoy imposible la estandarización de un significado exacto consensuado internacionalmente.

Esa situación pone de manifiesto la absoluta artificialidad del término "terrorismo" en su sentido moderno, y nos induce a creer que lo mejor sería volver a darle su significado original: el terrorismo no sería sino la violencia con fines políticos ejercida únicamente por los distintos Estados contra su propia población u otros países, del mismo modo que el "terrorismo internacional" designaría a aquella violencia con fines políticos practicada por dos o más Estados en asociación, o bien aquella ejercida en varios países por un sólo Estado. Así, tanto la CIA como la OTAN serían un buen ejemplo de organizaciones dedicadas al terrorismo internacional, de tal modo que la "guerra contra el terrorismo" lanzada por el Gobierno de los EE UU se convertiría en un sinsentido.


4 comentarios:

Ruth dijo...

Magnífico artículo, Ricardo.

Siempre me estremece el pensar que si se me ocurre quemar una papelera en Alicante, seré una delincuente, y si lo hago en el País Vasco, seré una terrorista.

El terrorismo es ahora también una cuestión de fronteras y territorios.

Ricardo Mella dijo...

Y ello, Ruth, mientras el Estado español sigue torturando, ilegalizando partidos, encarcelando a líderes políticos o invadiendo y ocupando países.

mikel dijo...

¿Quiénes mejor dotados para cambiar el sentido de las palabras y los actos?

Terror, paz, democracia... Significará lo que ellos (los poderosos) quieran, según les convenga. Poseen los micrófonos, los altavoces, la imagen, el papel...Todo lo que puede condicionar la mente de la ciudadanía previamente adocenada lo tienen en sus bolsillos.

Aún así, desde abajo, se sigue trabajando en la comunicación de siempre y en las alternativas. Con tan escasos bagajes, seguimos planteando problemas al Poder y a sus monaguillos.

Que manipulen lo que quieran; siempre y a toda la gente no lo conseguirán.

Ánimo.

Ricardo Mella dijo...

Eso, precisamente, es lo que nos da esperanzas, Mikel.