20 julio 2007

Feliz 18 de julio


El juez Del Olmo ha secuestrado el número 1.573 de la revista de humor "El Jueves" a causa de un delito de injurias a la Corona, previsto en los artículos 490.3 y 491 del Código Penal. La Casa Real, temiendo que caiga sobre ella una lluvia de críticas que desprestigien aún más, si cabe, a la institución monárquica, ha asegurado cínicamente no tener nada que ver con la decisión judicial. Tampoco ha entrado a valorarla: el que calla otorga.

Pero sería injusto culpar de este suceso a la Zarzuela. Es muy probable que, en efecto, nada supieran del tema. Tampoco debemos señalar a un "juez estrella" bastante inepto (algo, por lo demás, muy corriente en la Audiencia Nacional) que llega incluso a solicitar en el auto la destrucción de "los moldes" de la revista, algo anacrónico que demuestra su escaso cuidado a la hora de plagiar resoluciones judiciales similares de hace décadas. Sin embargo, la culpa tampco ha sido suya, ni tampoco de ese tribunal de excepción en el que realiza su labor.

Es cierto que el Gobierno ha debido jugar un papel muy importante en el suceso, por cuanto la decisión judicial se ha tomado a instancias de la propia Fiscalía General del Estado. Ya veremos cómo unos mandatarios que dicen ser de izquierdas se justifican patéticamente, pero lo sucedido tampoco es culpa de ellos.

En realidad, la culpa es de un sistema político que permite códigos penales donde aparecen tipificados delitos de "injurias a la Corona". De una Constitución pactada con los restos del franquismo en la que se blinda incluso penalmente al sucesor del dictador y su familia. El secuestro de El Jueves nos retrotrae a escenas de hace 40 años: antes se castigaba la crítica al Caudillo, ahora al Monarca. Las causas de ello siguen siendo las mismas, esto es, el escaso apoyo popular con que cuenta el jefe del Estado. Las encuestas trucadas y la agobiante propaganda monárquica no sirven sino para enmascarar y paliar en la medida de lo posible la poca simpatía que despierta en la sociedad una institución tan anacrónica como el propio auto de Del Olmo.

A este respecto cabe comparar el caso con Gran Bretaña, donde se admiten continuas críticas e injurias a la Corona y donde una censura como la que ha sufrido El Jueves es sencillamente impensable. Esa es la diferencia entre un país realmente monárquico y otro que no lo es. Quizá porque la reina Isabel II no ha sido cómplice jamás de un dictador fascista que ahogó en sangre una república democrática.

Por lo demás, será gracioso escuchar las justificaciones de los defensores de la libertad de expresión "a la española", los que bramaron contra el "cierre" de la cadena venezolana RCTV o los que defendieron las caricaturas de Mahoma. Mientras, en el Reino de España se siguen secuestrando publicaciones y cerrando periódicos (Egin, Egunkaria, Ardi Beltza... ) con el desparpajo propio del Régimen.



2 comentarios:

Ruth dijo...

Ole, ole y ole; o amén; o cualquier expresión pagana que signifique lo mismo.

Fantástico resumen/crítica/lamento de una situación esperpéntica y, no por ello, menos terrible y lamentable.

A ver si te va a secuestrar el blog y te piden que destruyas el teclado.

Ricardo Mella dijo...

Calla, que no veas qué susto me he dado al ver que la portada de El Jueves que yo había colgado en el blog se había convertido en una notificación de la Audiencia Nacional.