09 mayo 2007

"Golpe de timón" en 2006

Recientemente el periódico catalán L´Avenç ha publicado una entrevista a Pasqual Maragall en la que el ex president de la Generalitat afirmaba, entre otras cosas, sentirse "traicionado" por el presidente del Gobierno. Se refería concretamente al espinoso asunto del Estatuto catalán y a su reemplazo (a todas luces forzoso) por Montilla como candidato por el PSC para la Generalitat: según afirma, el "Zapatero federalista" fue reemplazado por el "Zapatero felipista".

Cabría preguntarse, desde luego, cuándo sufrió Zapatero ese cambio. ¿En qué momento pasó de ser "federalista" a ser "felipista", usando la propia terminología de Maragall? Si echamos la vista atrás y recordamos los acontecimientos que rodearon al nacimiento del Estatuto catalán, comprobaremos que tal giro en la política del presidente del Gobierno se produce precisamente al poco del discurso del teniente general Mena durante la Pascua Militar (6 de enero de 2006), en el que advirtió que el Ejército, amparándose en el artículo 8 de la Constitución española, podría intervenir en la vida política si se diese el caso de que un Estatuto de autonomía (y mencionó de manera amplia al Estatuto de Catalunya) excediese los "límites constitucionales". No hace falta leer entre líneas: se trata, lisa y llanamente, de una amenaza de golpe de Estado.

Es verdad que Mena fue condenado a ocho días de arresto domiciliario, y que incluso fue cesado de su cargo. Pero lo cierto es que se iba a jubilar en marzo, apenas dos meses después, lo que hace sospechar que el general previó las consecuencias de su actuación (el Gobierno no podía hacer otra cosa de cara a la opinión pública), y aún así decidió realizar su famoso discurso dado que su carrera militar estaba a punto de finalizar. Muy probablemente el general creyó que estaba sacrificando el final de su carrera realizando un servicio a su país. Fue algo así como su particular "salvación" de la patria.

Los medios de desinformación, en su línea habitual, dieron a entender que la actuación de Mena no era más que la de un viejo general derechista que actuaba por cuenta propia, en una especie de desafío personal y absurdo al gobierno de Zapatero, y echaron toda la tierra que pudieron sobre el asunto. Sin embargo, y mientras que el Ejército como tal jamás se desmarcó de las palabras de Mena (la petición de cese por parte del jefe del Estado Mayor de la Defensa, Félix Sanz, no deja de ser un nimio gesto teniendo en cuenta que el discurso de Mena fue pronunciado en presencia del Rey), la Asociación de Militares Españoles defendió en una carta pública la postura del general. Por lo que respecta a la derecha política, el PP justificó las amenazas golpistas. En vista de todo ello, cabe preguntarse si el discurso de Mena no fue sino una advertencia lanzada al Gobierno por parte de la cúpula del Ejército (o al menos de los generales más reaccionarios del mismo), que habría elegido a Mena como su portavoz e inevitable "peón" a sacrificar.

Hay que tener muy en cuenta también el momento elegido por el señor Mena para realizar su particular discurso: un momento en el que el Estatuto se encuentra bloqueado en la Comisión Constitucional del Congreso desde hacía semanas precisamente a causa de las dos cuestiones más espinosas para la derecha: la definición de "nación" y el modelo de financiación. Sólo unos pocos días después de la amenaza golpista (el 21 de enero), Zapatero daba la sorpresa haciendo público un preacuerdo con Artur Mas (líder de la derecha catalana, no lo olvidemos) para desbloquear el texto y aprobar un Estatuto descafeinado y recortado a la baja. Pacto, por cierto, realizado a espaldas de ERC y del propio PSC de Maragall.

El resto de la historia es de sobra conocida: aprobación del Estatuto mediante referendum, liquidación del efímero tripartito, sustitución de Maragall por Montilla como candidato a la Generalitat... En la actualidad el Estatuto catalán se encuentra paralizado y al borde de la liquidación total después de que el PP lograse llevarlo ante el Tribunal Constitucional, que a día de hoy no se ha pronunciado todavía.

Parece, en fin, que las amenazas de Mena fueron consideradas lo suficientemente serias como para producir en la política del gobierno de Zapatero un giro o, como se decía en los ambientes políticos previos al 23-F, un "golpe de timón". También así podemos explicarnos la actitud absolutamente cobarde y pasiva de Zapatero frente al proceso de paz vasco.




6 comentarios:

Ruth dijo...

No me parece raro que haya generales golpistas o miembros del ejército que apoyen esta opción, lo que me da un pavor inmenso es pensar en la cantidad de masa social que apoyaría un golpe de Estado. Yo creo que eso, la masa social, es lo temible.

Pese a eso, si tienes razón, que Zapatero sea felipista explicaría muchas cosas.

Anónimo dijo...

Deja de ver fantasmas donde no existen guapo y sal de tu esconderte

mikel dijo...

Pues sí. A pesar de los pesares, aquella transición del franquismo tiene sus pilares.

A no olvidar que el ¿fracasado? 23-F de marras, también, tuvo sus consecuencias; solo hace falta informarse en condiciones. Por lo tanto ¿ Quien va a dudar sobre quien tiene la sartén por el mango?

Es lo que tiene olvidar que, cuando comenzó este juego, debía hacerse con las cartas liberales que imponían, como única fórmula "salvadora", la que decía que el expolio se llamaría generosidad con mecanismos enrevesados y caprichosos. Aceptado eso, solo quedaba la arenga represiva; y en esas estamos.

marraskilo dijo...

La responsabilidad es por entero del psoe y de zapatero, cada cual puede buscar la excusa que prefiera, pero si alguien se compromete o da su palabra para algo ha de cumplir, sino esa persona para mi ya carece de cualquier credibilidad y respeto.

Y ya por no hablar de las declaraciones que hizo alfonso guerra que dijo que se habian pasado el estatuto por el forro....

Abd el Krim dijo...

L'Avenç no és un diario, és una revista mensual de Historia y humanidades

Abd el Krim dijo...

L'Avenç no és un diario, és una revista mensual de Historia y humanidades