19 enero 2007

“Tenían que colgarlos de donde yo digo”



En este vídeo podemos observar, a partir del segundo 42 del tercer minuto, una concentración celebrada en septiembre del año pasado para apoyar a la policía local de Torrevieja (investigada en esas fechas por torturas y malos tratos), en la que uno de los manifestantes, portando una pancarta en la que podemos leer “más mano dura al atracador”, llega a afirmar que la policía debería “colgarlos (a los atracadores, suponemos) de donde yo digo, eh?, y no lo digo”. Ni falta que hace decirlo, todos nos imaginamos a qué parte de la anatomía masculina se refiere.

En cualquier caso, ese y el resto de comentarios con los que podemos deleitarnos (“la policía está pa dar leña, no pa hacer multas”, “¡Palos! ¡palos!” “a mí no me pegaron nunca tampoco, porque no he hecho ná”, etc.) son realmente preocupantes. Sugieren que los manifestantes no están defendiendo a la policía de unas acusaciones que ellos estiman falsas. Todo lo contrario: dan por verdaderas las acusaciones y las justifican abiertamente. Se trata sobre todo de gente mayor, educada durante el franquismo, y cuya cultura sobre temas policiales se reduce a la idea de que los “policías buenos” detienen “delincuentes malos”, y que éstos merecen un castigo porque, como se sabe, en España somos muy blandos con ellos. Ni que decir tiene que estas personas no saben absolutamente nada en materia de derechos humanos, ni habrán ojeado en su vida un solo informe de Amnistía Internacional, por ejemplo.

Sin embargo, estas personas sólo justificarían la tortura y los malos tratos en caso de que el detenido sea efectivamente culpable (obviamente estos manifestantes también desconocen la presunción de inocencia o la importancia de un juicio justo, en sus tiempos tampoco se llevaban esas cosas). Probablemente si el detenido fuese inocente ya no estarían tan a favor de los “palos” y la “leña”. Esas son cosas destinadas a atracadores y gente “de la ETA”. Al fin y al cabo, si también se torturase a inocentes… quizá pudiera tocarles a ellos.

De este modo, es difícil convencer a esa gente de que NADIE debe ser torturado ni agredido, sea culpable o inocente. La discusión con ellos se reduce a la frase “¿y si el detenido no es culpable?”. Que es precisamente la objeción que plantea el propio reportaje de “El buscador”: vemos testimonios de jóvenes confundidos con rusos peligrosos, amas de casa en bañador, señoras conduciendo tranquilamente su coche hasta que son paradas por la policía…. pero nunca llegamos a ver el testimonio de alguno de esos negros o “moros” cuya sangre, se nos menciona, podemos contemplar en los calabozos de la comisaría. Al fin y al cabo, el ser negro o magrebí ya puede dar una impresión de culpabilidad a ojos de muchas personas. No digamos ya si se tratase de un vasco: ahí la colaboración con ETA está asegurada.

Quizá el planteamiento tan “progre” de los reporteros amarillistas de este país no esté tan alejado de las posiciones más cavernícolas de esta España nuestra. Quizá por ello en este país existe el necesario caldo de cultivo político para que la tortura y los malos tratos policiales sean tan sumamente frecuentes. Y no sólo en Torrevieja, sino en todo el Estado.

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