27 noviembre 2006

Periodismo policíaco

El diario El Mundo ha “revelado” que la huelga de hambre que el preso político vasco Iñaki de Juana Chaos comenzó el pasado 7 de agosto y que mantuvo durante 63 días no era más que un ridículo fraude. Según el periódico, el ex terrorista habría estado ingiriendo durante dicha huelga varios alimentos como jamón york, leche, miel o pan bimbo.

La fuente de dichas aseveraciones es, cómo no, anónima. Un “funcionario de prisiones” que “trabajó durante varios días en que De Juana permaneció en huelga en el módulo de aislamiento de la cárcel de Algeciras” y que responde al nombre (ficticio) de Ramón es el origen de esa “información”.

Por supuesto, el diario no se para ahí y a continuación efectúa una serie de “investigaciones” sobre la persona de De Juana (todas con datos provenientes de fuentes anónimas, claro) ahondando en su vida intelectual, familiar o sentimental. Incluso realiza comparaciones entre la huelga de hambre de De Juana y la que mantuvo durante 66 días (3 más que De Juana) el activista del IRA Bobby Sands en 1981 y que le llevó a la muerte, como dice el mismo periódico, por “deshidratación” (lo que evidencia que dicha huelga de hambre incluyó la restricción de líquido potable alguno, a diferencia de la huelga que mantuvo De Juana).

A raíz de estas “revelaciones”, el cachondeíto de la derecha española no se ha hecho esperar; como muestra, baste mencionar el acto público protagonizado por el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, a las puertas de la Audiencia Nacional: el individuo instaló un puesto con sándwiches de jamón york para repartir entre el resto de manifestantes, en una especie de show que pretendía ironizar sobre la huelga de De Juana.

Sin embargo, al final el diario, en ese mismo artículo, queda en evidencia al facilitar la información de que De Juana fue hospitalizado tras haber perdido 24 kilos en apenas dos meses. Una vez en el hospital, tuvo que ser obligado a recibir alimentación. Tales hechos demuestran, pues, el absurdo de esa pretendida exclusiva.

La idea no es en absoluto nueva, pero vuelve a mostrar su efectividad: inventamos una determinada información que sirva para ridiculizar y/o desmentir un determinado hecho que, a juicio del Estado, pueda beneficiar a la izquierda abertzale (en este caso, un acto con un cierto ingrediente heroico como es una huelga de hambre) y para dar una cierta apariencia de verosimilitud basamos esa información en fuentes anónimas (“fuentes de la lucha antiterrorista” suele ser el recurso más manido). Por supuesto, no sólo el Estado iba a salir beneficiado de semejante acto de manipulación informativa: el periódico (y el periodista) en cuestión puede también anotarse un tanto en forma de exclusiva.

Esta faceta de la lucha antiterrorista hunde sus raíces, como no podía ser de otro modo, en el franquismo. Es célebre el caso del periodista Alfredo Semprún (padre del actual subdirector del diario La Razón), el primer “experto” en ETA gracias a las informaciones (léase invenciones) que el Ministerio de Interior franquista le proporcionaba periódicamente y que él publicaba puntualmente en ABC durante los últimos diez años del Régimen. No en vano dicho personaje era comisario de policía honorario.

Tanta era la credulidad con que el ciudadano español medio acogía sus artículos que Semprún (y sus colaboradores ministeriales) llegaría a cometer exageraciones tan absolutamente increíbles como afirmar que ETA disponía de una base de submarinos en el puerto de Bayona.

En ocasiones, el Estado español ha recurrido incluso a la prensa extranjera para extender sus disparates propagandísticos, como cuando la publicación francesa Le Nouvel Observateur afirmó que los habitantes de Hernani celebraban cada atentado de ETA con el sacrificio de un macho cabrío en la mismísima plaza del pueblo, tal y como recogió en su día la revista Ardi Beltza en su documental “Periodistas: el negocio de mentir”.

Hoy en día, la profesión de periodista-policía está más extendida que nunca en España, y sus integrantes se extienden por la mayoría de medios de comunicación importantes. Sus “informaciones” sirven para objetivos muy diversos, como por ejemplo el intento de criminalizar a las distintas organizaciones de la izquierda abertzale vinculándolas artificialmente con ETA, labor comenzada en la época de Mayor Oreja y que culminó con la creación de la infame Ley de Partidos (y la subsiguiente ilegalización de Batasuna) o con el cierre de varios periódicos (Egin es sólo un ejemplo de muchos otros).

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