28 noviembre 2006

No hay dos sin tres: ¿república otra vez?

Viendo las últimas manifestaciones republicanas de Fuenlabrada, Leganés o Alcalá, y comprobando así la extensión inexorable de las ideas repúblicanas, uno no puede dejar de pensar qué sucedería en España si finalmente una mayoría de españoles reivindicase la III República.

Y es que no es un asunto baladí: la Constitución española no tiene previsto el cambio de la forma del Estado (de monárquico a republicano), simplemente define al Estado español en su artículo 1.3 como una monarquía parlamentaria.

Lo previsible, en un principio, sería que esa hipotética y mayoritaria reivindicación republicana termine trasladándose automáticamente a la clase política o, al menos, a uno de los dos partidos mayoritarios (PP o PSOE), el cual terminaría incluyéndola en su programa político. Posteriormente, y una vez que tal partido ganase las elecciones generales, el asunto pasaría al Congreso de los Diputados, donde Gobierno y oposición pactarían una reforma constitucional que transformase la forma política del Estado español en una república.

Tal planteamiento, lógico e incluso previsible, genera más dudas de las que resuelve:

1. Es difícil que uno de los dos partidos mayoritarios se haga eco de una reivindicación popular, por muy mayoritaria que sea. Un ejemplo al respecto es la corrupción urbanística, asunto que goza del rechazo practicamente unánime de la sociedad y que, sin embargo, ningún partido toma ninguna medida para atajarla. Para que PP o PSOE se vuelvan republicanos, hacen falta varias manifestaciones masiva y protestas clamorosas a favor de la república.

2. Suponiendo que un partido introdujese la transformación del Estado en su programa electoral, aún más complicado será conseguir que los sectores monárquicos acepten el cambio de buen grado. Y eso incluye al ejército y al propio rey. No hay que olvidar que una de las misiones del ejército, según el punto 8 de nuestra Carta Magna, es la defensa del “ordenamiento constitucional” (tarea que, sin embargo, se supone que es del Tribunal Constitucional). Así, las Fuerzas Armadas podrían alegar en un momento dado que una reforma que altera de arriba abajo el texto del 78 es en realidad un intento de subvertir dicho orden. O dicho con otras palabras, podría producirse un golpe de Estado (amparado por la propia Constitución) que impidiese el advenimiento de la III República.

3. Podría alegarse que el ejército no puede tomar decisiones políticas por sí misma, y que si realizase algún tipo de acción armada siempre sería bajo las órdenes del Gobierno de turno. Una objeción que no se corresponde con la realidad: el mando supremo de las Fuerzas Armadas no lo ejerce el presidente del Gobierno ni ningún otro cargo del Ejecutivo, sino el jefe del Estado, o sea, el propio rey. Nos encontramos así con una situación curiosa en la que la persona más perjudicada por el advenimiento de la III República es precisamente la que está facultada legalmente y la que tiene poder para realizar un “golpe de Estado” para impedir dicho advenimiento. Un Estado monárquico, en fin, protegido por un ejército cuyo mando supremo lo ejerce el rey.

Obviamente, para realizar un cambio profundo en la forma del Estado no podemos confiar en la clase política. Pero, aún si pudiéramos, pendería sobre la sociedad, como una espada de Damocles, todo el peso del ejército y sus armas. Tampoco podríamos confiar en las élites económicas o culturales españolas, las mismas que llevan décadas cacareando el tan manido cuento de la monarquía como “factor de estabilidad” de España.

No, la única manera de instaurar la III República será a través de un proceso revolucionario, es decir, ajeno a la clase política, militar, cultural o económica. Al fin y al cabo, así se instauró también la II República en 1931. En condiciones apropiadas no sería difícil repetirlo, pero a no ser que llevemos ese proceso revolucionario aún más allá y transformemos absolutamente a la sociedad española, siempre penderá sobre el país la amenaza de que la República termine, una vez más, aniquilada por sus enemigos.

4 comentarios:

Ruth dijo...

El advenimiento de la República debe generarse como fruto de una necesidad. Los convencidos de que la República es la forma de Estado más democrática y la deseable tenemos que organizarnos para evidenciar la mentira en la que el país vive y que tú has expliacado tan bien. Nos gobierna quien nos controla, y nosotros deberíamos controlar a quien nos gobierna.

Marta dijo...

Tú mismo te describes poniendo un enlace al "periódico" gara como web chula ;) ¿no crees que es lamentable? ¿no crees que dar aire a un periodico proetarra no dice mucho en tu favor a no ser que tu tambien seas un etarra? ¡¡Haztelo mirar chaval!!

Tamaruca dijo...

Cuando hablas de "proceso revolucionario" ¿a qué te refieres concretamente? ¿Podrías poner un ejemplo concreto? ¿Crees que internet y concretamente los blogs donde podemos expresarnos libremente es una de nuestras mejores bazas? ¿No te parece que la mayoría de la gente es Juancarlista y no monárquica?

Un saludo ;-)

P.D. 1.984 es también uno de mis libros favoritos, un poco oscuro pero me gusta que me hagan pensar.

Ricardo Mella dijo...

Por "proceso revolucionario" únicamente me refiero a un proceso al margen de los cauces legales previstos. No estoy hablando necesariamente de un proceso violento, por ejemplo. El 14 de abril de 1931 se instauró la II república de manera revolucionaria y no violenta. Ese es un buen ejemplo. Por otro lado, efectivamente internet constituye una buena herramienta para la libertad de expresión e información, indispensable a la hora de atacar la propaganda estatal que ha mitificado a la persona de Juan Carlos I (que no a la institución que representa). Un saludo.