27 noviembre 2006

La situación cubana (II)

En mi anterior post comenté la situación cubana desde el punto de vista político, es decir, cómo el ataque constante de los EE UU hacia Cuba desde hace 50 años hacen desaconsejable la instauración de la democracia en la isla, con el fin de proteger los tremendos avances que consiguió la revolución.

Y es que se suele comentar mucho la situación económica cubana desde el punto de vista occidental, es decir, comparando la economía de la isla con la economía de, pongamos por caso, España. Un burdo truco propagandístico que denota la falta de realismo del que lo practica. Del mismo modo que a España se la compara con sus vecinos más inmediatos (Francia, Italia, Portugal…) lo justo es que Cuba sea comparada con los países de su entorno: Haití, República Dominicana, Guatemala, Honduras, México, etc.

En ese aspecto, la economía cubana gana a las demás por goleada: no sólo tiene uno de los mejores sistemas sanitarios o educacionales del mundo (por ejemplo, la revolución logró acabar con enfermedades antes muy frecuentes, como el tifus), sino que (para los que gustan de los grandes datos macroeconómicos) crece a un ritmo anual real del 8% (según The World Factbook, una publicación de la propia CIA, nada sospechosa de procastrista). Y todo ello, tengámoslo siempre presente, con un duro embargo económico que dura ya casi 50 años.

Obviamente, si un ciudadano de Europa occidental viaja a Cuba, se dará cuenta de que el pueblo cubano sufre muchos déficits en comparación con el país de origen de dicho ciudadano. Ahora bien, si fuese un ciudadano haitiano (por ejemplo) el que realizase dicho viaje, seguramente creería encontrarse en el paraíso. Valga este ejemplo para muchos otros ciudadanos del mundo, ya sean latinoamericanos, africanos, asiáticos o de la Europa del Este (cuyo nivel de vida, después de varios años de benéficas políticas neoliberales, ha alcanzado niveles tercermundistas).

Es indignante, en fin, que periódicamente diversos políticos o medios de comunicación nos mencionen la “pobreza” del pueblo cubano, la mayoría de las veces como ejemplo del fracaso de toda política ajena al capitalismo. Lo cierto es que, al contrario, la economía cubana es un ejemplo del fracaso del capitalismo y del éxito de toda aquella medida económica despreciada por el neoliberalismo.

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